Amputación de miembros

La mayoría de las personas que sufren la pérdida de cualquiera de los miembros inferiores o superiores (piernas y brazos) tienen más de 65 años de edad.

La razón fundamental de este hecho es que, si en términos generales son los traumatismos (accidentes de coche, por ejemplo) la principal causa de amputación, en las personas mayores son más frecuentes las enfermedades que pueden llevar a la amputación de un miembro, concretamente las enfermedades cardiovasculares:    

·         Diabetes. 

·         Arterosclerosis. 

·         Obesidad mórbida (en las personas obesas confluyen las dos anteriores) o enfermedad vascular periférica. 

·         También el cáncer. 

Se estima que aproximadamente un 2% de las personas mayores de 65 años puede sufrir la amputación de alguno de sus miembros.

Los riesgos derivados de una amputación son mayores en las personas mayores:

·         A partir de los 80 años el nivel de la extremidad al que se debe realizar de la apuntación suele ser más alto. 

·         Los riesgos asociados a la cirugía son más importantes que en las personas menores de 65 años. 

·         Los riesgos propios del postoperatorio son más elevados que en los adultos jóvenes. 

·         La recuperación de la cirugía es más lenta y la herida del muñón cicatriza con más lentitud. 

·         Aunque la supervivencia a largo plazo ha mejorado sustancialmente, continúa siendo menor que en los jóvenes y decrece según aumenta la edad. 

Además del dolor del miembro fantasma, característico de todas las amputaciones, las personas mayores que sufren este tipo de intervención quirúrgica tienen más posibilidades de presentar complicaciones a corto y largo plazo.


A corto plazo: 

·         Alteraciones de la piel: picor, inflamación, infecciones fúngicas (micosis), abcesos, dermatitis, osteomelitis, apertura espontánea de la cicatriz, necrosis del muñón, etc. 

·         Aumento o disminución de la sensibilidad del muñón. 

·         Formación de un neuroma que se puede producir al cicatrizar el nervio seccionado en la amputación y que puede ocasionar dolor neuropático. 

·         Formación de un espolón óseo en el extremo del hueso amputado.

A largo plazo:     

·         Afecciones de la columna vertebral, cadera y rodilla al desplazarse el centro de gravedad y causar cambios posturales y biomecánicos: dolor y trastornos al caminar. 

·         Aumento de hasta un 80% del gasto cardíaco debido al sobreesfuerzo. 

·         Aumento del gasto energético al caminar, siendo mayor en los pacientes cuya amputación se debe a enfermedades cardiovasculares. 

·         Disminución de la función renal.

 

No obstante, el uso de prótesis que sustituya al miembro amputado puede reequilibrar gran parte de las complicaciones a largo plazo, aunque para ello se requiere un tratamiento de fisioterapia que le ayude a adaptarse a la nueva situación.

Asimismo, como en cualquier persona que sufre la amputación de una extremidad el impacto emocional que ello implica puede requerir una terapia psicológica para ayudarle a superar el trauma.